Columnas, El Bodegón de las Cebollas — September 9, 2011 at 7:00 am

Vivir con miedo.

Mi país, México, está atravesando por una grave crisis de inseguridad. Los narcotraficantes, el ejército y los criminales menores engrandecidos por el miedo común han tomado las calles de casi todo nuestro territorio. Siempre que salgo de mi casa pasa por mi mente la posibilidad de toparme con algún tipo de violencia. Pero no es este miedo el que mueve mis acciones cotidianas ni el que me hace cambiar mi forma de vida. El miedo que me domina es el miedo a lo cancerígeno, a lo tóxico, a lo teratogénico.
La clase social media que tiene acceso a internet, gimnasios y revistas de salud, se ha visto bombardeada por la cultura verde; lo que empezó como una forma de no contaminar al planeta derivó en alimentos libres de pesticidas, trastos metálicos que no generan basura y mejor aún: no contaminan tus alimentos con el potencialmente mortífero: bisfenol-A… Porque si ingieres alimentos contaminados con Bisfenol-A puedes morir, si cocinas en sartenes de teflón puedes intoxicarte y si lo haces en utensilios de barro puedes enfermar de cáncer, porque si sales sin bloqueador solar la capa de ozono ya no te protege y te saldrá un lunar maligno pero si tu bloqueador no es libre de PABA corres riesgo de intoxicación, porque si limpias tu casa y lavas tu ropa con detergentes aromáticos te da, repito, cáncer, por lo que tienes que hacerlo sólo con un poco de vinagre y cloro pero la mezcla de estos ingredientes puede ser potencialmente tóxica, y ya no sé qué es mejor, si dejar que me piquen los mosquitos y corra el peligro de enfermar de dengue o utilice insecticidas y repelentes que son productos que seguro llaman a la leucemia, ¿ya lo mencioné?.
Ahora tengo miedo de salir a restaurantes donde probablemente cocinen con aceite reutilizado y me den una ensalada con manzanas no orgánicas repletas de pesticidas que han viajado miles de kilómetros contaminándose. Tiemblo cada que entro a un lugar donde utilizan aromatizantes de ambiente y ya no sé que cremas de belleza utilizar porque la mayoría contienen plomo. Me cuestiono el lavado de manos con cualquier jabón a riesgo de que este tenga triclosán que ayude a las bacterias y gérmenes a hacerse cada día más fuertes y cuando compro un libro no dejo de pensar que ese maravilloso aroma a nuevo es una mezcla de tintas y papeles, adivinaste, tóxicos.
A todos nos va a tocar, pero a estas alturas, la humanidad casi, casi, tiene oportunidad de elegir en qué tocador ponerse. Los fumadores han elegido cómo morir, los obesos que no hacen nada por su peso han elegido enfermar, y, guardando las debidas proporciones, también podemos elegir exponernos a la muerte al ir a un casino, a un partido de futbol o a la escuela (en México, en las tres han habido actos de violencia que han dejado muertes). Yo todavía no sé dónde quiero ponerme y no descarto la opción de una esfera estéril, hipoalergénica, templada y segura desde la que pueda sentarme a ver la vida de los valientes que se divierten pasar frente a mis ojos.

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