Mencioné en el primer articulo de esta columna lo sorprendente que es cruzar el puente internacional y llegar a Eagle Pass con un esquema renovado de modales, qué digo cruzar el puente, al cruzar la línea migratoria a medio puente es cuando ya nos empezamos a “comportar”.
Estando allá respetamos todos los señalamientos viales y límites de velocidad, depositamos los centavitos correspondientes de forma religiosa en cada parquímetro y hasta nos la pensamos antes de “dar vuelta a la derecha en luz roja con precaución”. ¿Saben?, allá las multas sí se aplican, te ponen fecha para ir a la corte (con juez y todo), un verdadero relajo, ah y si se te llega a pasar echarle al parquímetro te dejan en el parabrisas tu multita (ticket) y un sobre con instrucciones (muy al estilo Hollywood) y de pronto andas por toda la ciudad buscando la dichosa “yellow box”, un buzón amarillo cuya única función es recibir estos sobres. Cabe destacar que no hay mordida que valga- ¿así debería ser en todos lados no?- En Estados Unidos prevalece un respeto por los policías y las leyes, claro está, el respeto se gana, o al menos se lucha por mantenerlo.
Pero como dicen “a la tierra que fueres has lo que vieres” nuestro amigos americanos hacen lo propio al visitar Piedras Negras. Se quitan el cinturón de seguridad, manejan a exceso de velocidad, van en sentido contrario y disfrutan de “quemar llanta” y “rumbar” sus autos bonitos por toda la ciudad. Nada fuera de lo común, nada que no se haga aquí todo el tiempo. Lo triste del caso es que cuando visitan centros comerciales algunos de nuestros vecinos utilizan los estacionamientos destinados a las personas con capacidades diferentes, claro, como aquí “no pasa nada” se comportan como verdaderos energúmenos del volante, ¿dónde queda tanta buena conducta y supuesta consciencia sobre las leyes de urbanidad?
Si te encuentras un filtro anti-alcohol o te muerden o “te dan la atención” depende de qué facha tengas, estés o no tomado; esa es la desfachatez, por eso nosotros mismos no respetamos nuestras leyes ni señalamientos, por eso nos pasamos el alto cuando “no viene nadie” y si eso es lo que hacemos, es también el ejemplo que le damos a los turistas; ellos vienen y “relajan” su urbanidad, aunque creo que el hecho de que aquí vean malos ejemplos, no los justifica.
No sé si reír o llorar al ser testigo de cómo personas que se jactan de ser muy civilizadas llegan e incumplen las leyes peor que quienes vivimos aquí. Es reprobable el nivel de cultura de estas dos culturas, reprobable cómo, a sabiendas de todo, seguimos igual, ¿les cuento un secreto? es tan deficiente el trabajo de las autoridades que a la mayoría simplemente les vale, tienen bien tomada la medida, saben cómo funciona el “sistema”. ¡Ah! Pero cuando van de regreso, regresa su civilidad.
Empiezo a creer que los puentes, aparte de internacionales, son medio mágicos.

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