Ayer por la tarde estaba paseando y twitteando al mismo tiempo, como desde hace mucho tiempo lo hago. Dejé el smarthphone (que no, curiosamente no es un iPhone, pero no es mío) por unos minutos para poner atención a mi acompañante, después de una pequeña charla prendí la radio y lo primero que escuchamos fue que Steve Jobs había muerto. Revisé twitter y efectivamente, todos hablaban de ello, todos con pesar, con tristeza y con desconcierto a pesar que era algo que ya esperábamos por su enfermedad que dicho sea de paso también nos unió en el dolor común al saber que cualquiera de nosotros puede padecerla y es incurable. Cáncer, depredador de nuestro siglo. Claro que no faltaban los listillos que se sienten alternativos e intelectuales e inmunes a las tendencias que decían que “sí, ok, ya había muerto pero que lo superáramos, que si era nuestro amigo personal o qué, que él sólo se había aprovechado de nuestros bolsillos y ánimos consumistas“. Nos miramos con una tristeza compartida y no dijimos nada. Sólo atiné a enviarle un sms a mi padre dándole la noticia. “Así son las cosas. Como todo debe ser“, me respondió, y por un momento pensé que sí, que así es la vida y así es como todo debe ser.
Definitivamente no tengo mucho de qué hablar acerca de las aportaciones que hizo realmente a la tecnología, apenas descubrí que a él le debemos la Interfase gráfica y francamente no sé mucho de computadoras… Sólo sé que desde hace 15 años, cuando por primera vez entré a una tienda de Apple y salí con mi iBook de colores en las manos, viví por instantes un estilo de vida que me gusta porque, ¿a quién no le gusta lo estético y elegante, lo especial, lo bonito?. Desde ese día mi convivencia con las computadoras fue mucho más amistosa, experimenté lo que es no cargar con virus (aunque no esta eximida completamente de ellos) y tuve un sistema operativo a prueba de mi ineficacia para manejar una computadora yo, que soy experta en descomponer aparatos electrónicos cualesquiera que estos sean. Sobreviví estoicamente a la poca compatibilidad con Windows y a la época en que Jobs arremetió contra esa empresa, mis compañeros de equipo me veían feo porque no podían mandarme documentos .doc para los trabajos, mis familiares me atacaban diciendo que tener mi iBook era nada más un capricho, que sólo la quería por el color. Inicié mi campaña personal que rezaba “no amas a las Mac porque no sabes lo que es tener una“, y sí, quienes más las atacaban eran precisamente aquellos que no habían tenido una.
Cuando tuve a mal cambiarla por una Compaq, esta fue invadida por virus rápidamente, me hice esclava del “ctr+alt+spr“, de las pantallas paralizadas y de esperar a que la computadora terminara de hacer sus tareas por horas. Inmediatamente la cambié por otra Mac y así comenzó una historia de amor y deseo, claro.
Mi corazón (y cuerpo en general) también agradece a Steve la creación del iPod (si fue una copia o no lo fue, no me interesa) y que gracias a el salir a correr se convirtió en un desahogo donde puedes dar más de ti al ritmo de tu música preferida y no en un suplicio de soledad y martirio, como antes. Estoy segura que los maratones 5k, 10k que se realizan en las ciudades patrocinados por algunas marcas, son ahora populares gracias a que muchísima gente apoyada en la moda del iPod y gracias a este, hizo de correr por las calles su deporte favorito. Hay estudios contundentes de que el desempeño físico mejora entrenando con una música potente y hasta de que el corazón se “acopla” al ritmo de la música que escuchamos.
Hoy desperté tarareando “She’s a Rainbow” de Rolling Stones. De ahora en adelante me será imposible escucharla sin recordar con cierta nostalgia a Steve Jobs y agradeciendo profundamente el legado que nos dejó, porque si crees que no tienes nada que reconocerle es porque seguramente eres un paria que usa linux en una computadora armada por ti mismo y por supuesto, nunca has visto una película de Pixar.
(Dos hermosos niños también te agradecerán en algunos años tantas horas de diversión inteligente que han pasado con su juguete favorito, el iPad. Aunque ahorita no lo saben, tu trabajo tendrá eco en su vida y repercutirá en su futuro. Estoy segura de que apoyados en este, serán unos hombres más competitivos e inteligentes que los que no tuvimos acceso a esa maravilla en nuestra infancia.)
Gracias Steve, por lo simple y hermoso.
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