“Siempre tengo problemas para recordar tres cosas: los rostros, los nombres y… no puedo recordar cuál es la tercera”
Fred Allen.
Desde chica y acrecentado por series como “CSI” he tenido un gran miedo: Ser víctima de un crimen y no poder describir el rostro de mi agresor@ para hacer un retrato hablado gracias a mi nula capacidad para recordar rostros.
Afortunadamente nunca he tenido que ir al M.P. a dar santo y seña de un criminal y el único problema que he enfrentado con esto es una vida social accidentada. No recuerdo la cara de la señora con la que estuve platicando cerca de quince minutos la semana pasada por lo que la próxima vez que la vea no la podré saludar, mis conocidos (obviamente esto no me sucede con mis familiares, amigos y gente que conozco de mucho tiempo) pueden pasar caminando por la acera de enfrente y no me percato de su presencia por lo que a veces la gente piensa que soy pedante y no quiero saludarlos, en reuniones algunas personas se me acercan, me saludan por mi nombre y yo muy apenada tengo que preguntarles quiénes son y de dónde las conozco. Como anécdota les contaré que una vez estaba en una Mac Store comparando iPods cuando empecé a notar el comportamiento de los compradores tornarse extrañamente nervioso y de repente había varias personas a mi lado. Nunca me percaté de que le había dicho “con permiso” tomándolo ligeramente del brazo a un cantante famoso cuya música a decir verdad me entusiasma y estuve hombro con hombro con él cerca de tres minutos sin reconocerlo.
Empecé a ser consiente de esto cuando mis papás me preguntaban si recordaba a cierta persona, agregaban características de su personalidad y describían perfectamente el entorno en el cual habíamos coincidido. Podía recordarlo todo menos la cara de la persona, podía saber que existía y después toparla en la calle y no reconocerla. Años después me percaté de que para fijar una cara en mi memoria no eran suficientes un par de encuentros cortos. Recordaba la voz, el aroma, los ademanes de la gente, todo menos sus caras que me llegaban a la mente borrosas, no me preocupaba porque creía que era igual a otra cosa que me sucede: para aprenderme un camino tengo que recorrerlo varias veces. Entonces todo se traducía en una memoria deficiente.
Pero había algo: en la escuela y en la vida cotidiana no tenía problemas para recordar cosas y podía memorizar acontecimientos, datos y fórmulas, fechas y números telefónicos con facilidad, entonces empecé a cuestionarme por qué me era completamente imposible recordar un rostro y no podía ser como todos mis amigos que de tan sólo ver a un actor desconocido en la pantalla podían decirme en qué otras películas había salido antes . Sabía de gente que decía que tenía dificultades para esto pero ninguna tenía un verdadero problema con ello, como yo…
Existe un trastorno neurológico llamado prosopagnosia en donde quienes lo padecen están incapacitados para reconocer rostros como propios de las personas. En los casos más severos hay una imposibilidad de reconocerse a sí mismo en el espejo y en los casos más comunes la gente no puede reconocer a primera instancia a las personas que ha conocido pero con las cuales no ha convivido. Los neurólogos sostienen que se debe a pequeñas lesiones cerebrales en determinadas zonas de córtex cerebral, sin embargo, no hay estudios que avalen que esta condición se deba precisamente a un traumatismo, pero sí hay estudios que señalan que esta condición es más común de lo que imaginamos:
Todos sufrimos de prosopagnosia en cierto nivel, la prueba más clara es que encontramos sumamente difícil distinguir las diferencias entre los rostros de las personas que son de una raza distinta a la nuestra. Quién no ha dicho alguna vez que todos los asiáticos son “iguales” y que los afroamericanos son extremadamente parecidos unos con otros, pues bien, ellos piensan igual de la raza blanca y de la raza latina. Lo interesante de esta condición inicia en nuestra infancia, los bebés menores de 6 meses son capaces de reconocer las diferencias en los rostros de los chimpancés y tienen perfectamente distinguidas las diferencias en el rostro de cada una de las personas que miran sin importar su raza o parecido a otras (aun de los gemelos). Esta “capacidad” cesa aproximadamente a los 9 meses.
Algo similar sucede con la lengua; los bebés son capaces de distinguir absolutamente todos los “acentos” de todas las distintas lenguas que escuchan, por ello es mucho más fácil criar a un niño bilingue con una pronunciación perfecta en ambos idiomas si se inicia su enseñanza desde el nacimiento y a más tardar al año de edad. Esta capacidad también se pierde con la edad y pasando la infancia es imposible que una persona pueda reproducir los sonidos naturales y distintivos de una lengua distinta a su lengua materna ya que su oído está imposibilitado para escucharlos y notar las diferencias más sutiles entre una lengua y otra (de ahí “pronunciar” una lengua no materna con “acento” parecido al de la lengua primaria) y ni siquiera la convivencia permanente con parlantes de una lengua distinta logra cambiar nuestra percepción. Un ejemplo claro de esto son las onomatopeyas distintas en cada idioma, por ejemplo: los chinos escuchan el ladrido de un perro como “wang wang”, los angloparlantes como “woof woof”, los franceses como “ouah ouah”, los italianos como “bau bau” y los hispanos como “guau guau” estén en donde estén y dominen los idiomas que dominen.
Nuestro cerebro se adecua fisiológica y hasta socialmente para convivir con las personas que son parecidas a nosotras y hablan nuestro mismo idioma, sostienen algunos psicólogos sociales; pero se han hecho experimentos con adultos en donde se registran las ondas eléctricas en sus cerebros al observar fotografías de rostros de personas de su misma y de diferente etnia. Al mirar un rostro de la misma raza el cerebro es más rápido para reconocer sus facciones que en uno de distinta, pero esta diferencia es mínima, 200 milisegundos que no son suficientes para hacer procesos de clasificación social, defienden los psicólogos de percepción.
En tanto no haya una explicación clara al por qué me es imposible memorizar un rostro a primera instancia y sí puedo recordar nombres y situaciones, seguiré frustrándome ante mi incapacidad social de saludar a todos y cada uno de mis nuevos conocidos en cualquier lugar que los encuentre y agradeceré a las redes sociales en las que puedo ver su cara una y otra vez junto a su nombre ayudándome a memorizar ambos.

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