Columnas, Echando a perder se emprende — November 25, 2011 at 8:59 pm

Padre mercader, hijo caballero, nieto pordiosero.

Echando a perder se emprende

“Y los enseñarás a tu hijo y al hijo de tu hijo” dice la Torá o enseñanza divina del pueblo de Israel en relación con los mandatos y decretos que deben cumplir los judíos. Porque el judío se considera bienaventurado si logra ser un eslabón en la transmisión de la palabra a sus nietos.

Los abuelos judíos son, como todos los abuelos, los encargados de consentir y disfrutar a los nietos. No son ellos los responsables directos de su educación, tanto por la responsabilidad directa que recae en los padres como por la energía que va mermando con la edad. Ya no se espera que un abuelo ande correteando a su nieto al parejo que lo puede hacer su padre. Pero es en esta relación de camaradería que los abuelos llevan una ventaja en la formación de sus nietos. Con argumentos suaves y con el contacto constante pueden ellos transferir sus experiencias a los nietos, siempre cuidando de no contradecir las enseñanzas de los padres quienes son finalmente los responsables de la formación. Y como resultado de esto, un hombre judío se puede considerar como tal, solamente en el momento en que su nieto es un judío formado.

Y hablando de abuelos, siempre me ha divertido un refrán que cita: Padre mercader, hijo caballero, nieto pordiosero. Que quiere decir que aquello que con tanto esfuerzo generó el padre como resultado de su trabajo, lo disfruta el hijo dándose vuelo y dejando al nieto en la ruina absoluta, sin siquiera saber cómo es que su abuelo hizo su fortuna para intentarlo él nuevamente. Probablemente deberíamos borrar esa frase de nuestro refranero popular porque de tanto repetirla podemos comenzar a creer que eso deba ser lo normal, y los que la pagan son los nietos.

¿Por qué no mejor pensar un poco como los judíos y decir: “Mercader se es solamente si tu nieto es mercader”? ¿Por qué no garantizar por medio de nuestras enseñanzas, no solamente que nuestros hijos aprendan a generar más de lo que gastan sino que de una forma sutil enseñemos a nuestros nietos también a generar riqueza?
Es evidente que los hijos de un empresario exitoso comenzarían sus retos económicos desde una situación mucho más privilegiada que la del padre, y si ellos son capaces de generar más de lo que gasten, entonces los nietos comenzarían sus retos en una posición todavía más privilegiada, lo que todo padre anhela.

Entonces, no basta con ser capaces de generar riqueza a lo largo de nuestra vida, el verdadero reto consiste en transmitir esos conocimientos dos generaciones abajo de nosotros, para que nuestro esfuerzo haya valido la pena y para que podamos consagrarnos como verdaderos empresarios, capaces de repetir y acrecentar el éxito.

¿Y cuando se empieza esto? Desde el momento en que nacen nuestros hijos.

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