Le diré a Carmelita que nos prepare un poco de té.
¡Qué milagro que me visitas en el Castillo de Chapultepec!
Pocos se acuerdan de que mi fantasma vive aquí y pena por los laureles caducos de la Historia Mexicana. Justo ahora estaba pensando en los héroes que nos dieron Patria y en la extraña percepción que tienen los mexicanos sobre ellos.
Hay un escritor muy famoso que se llama Jorge Ibargüengoitia, ¿lo conoces? Es el autor de “Instrucciones para Vivir en México”, ‘Dos Crimenes’ y ‘La Ley de Herodes’, entre otros. Pues bien, él escribió una vez que al mexicano le importa más el paliacate de Morelos, la levita de Juárez y, sí seguimos este pensamiento, mi uniforme lleno de medallas, el sombrero de Zapata, el estandarte de Hidalgo y hasta la corona de la emperatriz Carlota Amalia que los mismos personajes que estos objetos representan.
Déjame decirte que cuando leí esta afirmación de Ibargüengoitia, pensé que era una acusación un poco exagerada, pero luego me quedé pensando en cómo el mexicano ve a sus héroes.
¿Cómo los ves tú?
Me he dado cuenta que la mayoría de mis connacionales tienen una idea plana de sus héroes, como si fueran parte de un dibujo de esos que los niños compran en las papelerías para pegar en sus cuadernos. Siempre iguales, perennes, inmutables, de una perfección poco natural, y con una biografía tan limitada que apenas alcanza a llenar cinco líneas de poco texto: “Héroe Mexicano que nació en tal lugar, tal día, combatió a los franceses en la batalla del cinco de mayo y murió en tal lugar, tal día”.
No niegues con la cabeza, te conozco. Eres igual a los demás mexicanos.
No quieras engañarme.
Mira, hagamos una prueba: si yo te digo Benito Juárez, lo único que te vas a imaginar es a un oaxaqueño moreno, peinado de raya al lado, bien vestido con su levita, sentado solemne en un silla mientras se aclara la garganta y recita a los cuatro vientos: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz.” Quince años de gobierno vistiendo igual y diciendo lo mismo todos los días y siendo un dibujo mal hecho impreso sobre un cartón. Y los que más o menos saben algo de la Historia de México lo ven iluminado por un rayo de inspiración divina mientras se sienta a escribir, de un sólo borrador y sin equivocarse, las Leyes de Reforma. Así es como salva al país y se convierte en ‘El Benemérito de las Américas’ y todos debemos aspirar a él.
Así, como hemos desmenuzado a Benito Juárez, podríamos hacer lo mismo con Hidalgo viéndolo como un viejito amable que toma su estandarte y grita: “¡Viva México! ¡Muera el mal gobierno!”, heroicamente toma la Alhóndiga de Granaditas y después de ganar varias batallas muere fusilado, y de su imagen manchada de sangre surge el Padre de la Patria, inmaculado.
Lo cierto es que en México nos hemos empeñado en hacer una Historia Patria que no requiera reflexiones de ningún tipo. Es mucho más fácil ver a un Morelos con Paliacate, con una espada, arrestado y fusilado, sin tener que explorar su pensamiento, su mentalidad, sus frases, su razón para escribir “Los Sentimientos de la Nación”.
¿Qué es más importante: el paliacate de Morelos o sus Sentimientos de la Nación? No sé que opinas tú, pero yo creo que en la teoría la segunda opción es la que debería valer la pena y la que todo mexicano debería explorar, pero en la práctica nos hemos quedado con el siempre importante paliacate.
Pobre México, tan lleno de héroes de cartón.

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