Una hoja en blanco
Todos alguna vez nos hemos enfrentado a una hoja en blanco, incluyo desde los más pequeños que aprenden a escribir de manera uniforme las letras hasta a un autor consagrado. Es como llegar a la cocina y ser víctima del sartén vacío, sin aceite, ni siquiera un cuchillo a un lado, ni una cuchara ni un ajo que nos dé la idea de la cena por preparar mientras un grupo de invitados con apetito exigente amenaza por la puerta principal, sólo nuestros dedos tocando la boca con una pregunta rondando en la cabeza: “¿y ahora qué hago?”.