Vivimos una nueva revolución, la de la información, que ha sido y será tan importante como en su momento fue la revolución industrial. Cuando la producción en serie llegó a mediados del siglo XVIII a la fabricación de textiles, todo fue transformándose a velocidades vertiginosas. El proceso del hierro, la mejorar de las rutas de comercio, el nacimiento del ferrocarril, la máquina de vapor hicieron que se avanzara en el desarrollo de la humanidad como nunca antes se había logrado.
Producir más y a menores costos era el objetivo y lo lograron.
Hoy vivimos esta nueva revolución: la revolución informática. La industria y la manufactura han dejado paso a una nueva forma de hacer las cosas. Hoy aquel que tiene una computadora con conexión a la red tiene el equivalente de una fábrica hace ciento cincuenta años.
Pero no necesariamente la acumulación de datos nos llevará al éxito. De hecho la obsesiva acumulación de datos puede ser, paradójicamente, el camino más seguro a la improductividad. Tener muchos datos inútiles nos puede paralizar por completo y puede complicar la labor de depuración de estos datos para convertirlos en información útil.
La información es lo verdaderamente importante.
La información son aquellos datos que de forma estructurada nos facilitan la toma de decisiones. Y de esa no necesitamos mucha. Necesitamos solamente la información que somos capaces de procesar y convertir en decisiones relevantes. Por ello yo te propongo que hagas un esfuerzo por ponerte a dieta de datos de hoy en adelante. Consume solamente la cantidad de datos que puedas procesar correctamente. Nunca consumas datos hasta sentirte satisfecho, y mucho menos hasta sentirte rebasado. Una dieta moderada de datos debe ser equilibrada. Si solamente consumes datos “chatarra” puedes estar consumiendo mucha grasa informática que es difícil de procesar.
La tentación es enorme, pero es importante que tengas fuerza de voluntad. Socialmente la gente te atacará para hacerte romper tu dieta, pero si eres conciente de que es por tu salud, seguramente encontrarás fuerzas para librar la tentación.
-¿Apoco no sabes que pasó con el secretario de asuntos sin importancia en aquel país de Asía? ¿De verdad que no estás enterado de la quiebra de el banco central de este país de Europa? ¿Que no oíste de la enfermedad que le dio a aquel señor que hace algo que nadie sabe que es?
La tentación de no poder responder inteligentemente a una plática que es común en la gente puede hacer que queramos consumir noticias en forma de periódicos, televisión o radio, simplemente para no parecer ignorantes, aún cuando después no sepamos que hacer con toda esa colección de datos inútiles que consumen nuestro tiempo disponible para datos verdaderamente importantes.
La realidad es que las noticias importantes te llegarán aunque no las persigas.
Tarde o temprano alguien te hablará de ello. Mientras más relevante sea más rápido te enterarás. Alguien te llegará a contar. Y no te preocupes por no saber cuando alguien te pregunte por un tema. Mejor pregúntale tú. Esta es una excelente forma de tener una buena conversación con alguien y de paso enterarte de lo que no sabías y que de paso no te servía de nada saber. Suena ridículo vivir sin consumir noticias, pero es tan placentero y deja tanto tiempo libre para actividades más productivas y reconfortantes, además de que permite que el cerebro deje de ocuparse en procesar tantos datos inútiles, que al final todo fluye mejor.
Si de verdad quieres sacar ventaja a esta nueva revolución informática comienza por ponerte a dieta de datos. Y la mejor forma de comenzar con esa dieta de datos es eliminar por completo el consumo de cualquier tipo de noticias.
El siguiente paso será erradicar todos los reportes, informes y cifras dentro de la empresa que no te ayuden a la toma de decisiones acertada y que te confunda más de lo que te ayuda.

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